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Cronistas Parlamentarios Y Congresistas ¿Una relación conflictiva?

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Cronistas Parlamentarios Y Congresistas/PYSN

Escribe: Américo Acevedo Romero

 Si usted tuviera que descubrir con acierto la relación tirante que existe entre los cronistas parlamentarios y los “devaluados” congresistas, se podría decir que se trata de una coexistencia medianamente pacífica, los congresistas tienen la información especializada que los cronistas buscan y los cronistas tienen los espacios que, pueden ser prensa escrita, radial y televisiva que necesitan los parlamentarios. De allí que, cada quien esta en la capacidad de castigar o “premiar”, dependiendo del comportamiento que cada quien asuma.

“En principio los periodistas en consonancia con la opinión generalizada de la ciudadanía suponen que todo político esconde algo y que la mayoría de ellos miente. A los largo de su carrera profesional han conocido a muchos políticos que no han cumplido sus promesas, que han sido corruptos, y suponen que todo legislador es sospechoso mientras no demuestre lo contrario”. (1)

Resulta hoy, en el Perú contemporáneo que ciertos “congresistas” han protagonizado escándalos de poca monta; cual pirañas que se proponen saquear los presupuestos públicos. Se supone que recorrieron como candidatos los pueblos y provincias regalando caramelos en plazas empolvadas por la secular pobreza material y mental, allí prometieron “trabajo, honradez y tecnología”.

El desaparecido poeta y diputado por el Cusco, Luis Nieto, escribió: “¿Y los políticos? Igual que siempre o peores que aquellos de tus años: / corroen las entrañas de la patria / y saquean las arcas nacionales, / pero en sus discursos la misma baba / que hablan de patriotismo a todo trueno. / Nadie se salva, menos los corruptos.”

Pero vamos más allá de la noticia que, convertidos en anécdota se olvida, es deber de todo ciudadano propiciar valores, si se quiere “democráticos” y la majestad del Congreso de la República no tiene porque caer hacia el fondo de un tacho sucio; como tampoco es meritorio abonar más en su desprestigio. Es preciso recordar que, el Parlamento Nacional es el máximo órgano representativo de la nación. Cuánta falta hacen, dónde están aquellos tribunos, verdaderos juris-legis, basta escuchar con atención al presidente del Círculo de Cronistas Parlamentarios del Perú, Dante Alva: “Los debates de los plenos en la Cámara de Diputados y del Senado eran una ilustración permanente. Como no recordar a Fernando León de Vivero, sancionando con energía y en el acto al amparo del Reglamento interno, una pésima intervención que desbordaba el debate político”.

Como olvidar a Felipe Orterling Parodi, abriéndose paso ante la cobarde agresión de un soldado ignorante con arma en ristre, aquella mañana del 5 de abril de 1992 que cerraba las puertas del palacio legislativo a preclaros representantes de la nación, años después ingresaron gente mediocre y maromera. Deuda pendiente por saldar a otros tantos que con dignidad y coraje defendieron el fuero parlamentario.

Volvamos a lo nuestro, todo buen cronista parlamentario no se debe dar por satisfecho cuando sus artículos obtengan el fácil aplauso y risa plena de los lectores. Vale superar las clásicas funciones del congresista, que dice la de legislar, fiscalizar y representar. Urge desarrollar la novedosa “función comunicativa” porque todo acto humano es un acto de comunicación, es aquí donde surge el problema latente de una positiva comunicación política.

De la función comunicativa parlamentaria se desprende la función expresiva, docente e informativa que se refieren a la comunicación externa del Parlamento Nacional por establecer en nuestra realidad. La “función expresiva” se caracteriza a la misión del Parlamento   de manifestar las ideas de la población. La “función docente” se define de la formación de opinión en la ciudadanía a través de los congresistas y la “función informativa” implica que el Parlamento debe poner en conocimiento del gobierno los reales problemas del país, si se quiere democrático.

Las funciones comunicativas pueden asignarse también a las otras dos funciones de representación, caso Parlamento alemán: conducción y desconocida “responsividad”. Y cuya conducción política exige transmisión y explicación de las decisiones adoptadas por parte de las instancias parlamentarias para hacer transparentes los procesos que llevan a una resolución. La responsividad se define como la defensa de los intereses, preferencias y sensaciones en la población que deben ser considerados en el proceso de toma de decisiones.

Para concluir, el Congreso de la República para recuperar su imagen positiva, es preciso su legitimación parlamentaria mediante la comunicación entre representantes y representados. Jamás olvidar que, en estos tiempos de turbulencia social el público moderno es cambiante en sus humores y se encuentra en una permanente evolución. Y los periodistas no son propietarios de la opinión pública – es el conglomerado contradictorio de diferentes opiniones-; sólo somos los intermediarios especializados, caso cronistas parlamentarios. Conclusión de conclusiones: pluma de viento hasta una próxima

PYSN 

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