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Sendero Luminoso ataca y Asesina Policías y Civiles en Ayacucho

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Sendero Luminoso ataca y Asesina  Policías y Civiles/PYSN Noticias

(Ayacucho/02/Agos/09/PYSN)  Ataque a una base militar de Ayacucho deja el saldo trágico de cinco victimas mortales: 3 policías y 2 civiles. Sendero Luminoso  otra vez provocó un hecho de sangre y violencia. La base de la Dirección Nacional de Operaciones Especiales ubicada en el distrito de Santillana, provincia de Huanta – Ayacucho fue atacada por una columna senderista aproximadamente de 50 miembros  que disparo y bombardeo dicha base durante la noche a  las 23:30.

El Ministerio del Interior investiga la forma en que se dio el ataque en San José de Secce, en el Vrae; “Vértice entre el rió Apurimac y el N” punto recurrente de traslado de drogas ubicado en una zona selvática en la que operan bandas de narcotraficantes y remanentes armados de Sendero Luminoso.

Los policías abatidos son los suboficiales de tercera, Javier Fernández Guevara y Giuseppe Carloto Soto, y el suboficial técnico de primera, Prudencio Luorico Mamani. Así mismo Se reportó la muerte de dos mujeres, Meylin Geraldine Tineo Acero y Milagros Rene Acero Urriape, esposa y suegra respectivamente del suboficial fallecido Giusepi Carloto Soto.

Entre los heridos están los suboficiales de la policía Martín Alberto Cabrera Chalán, quien tiene un orificio de bala de entrada y salida en el muslo derecho, Felix Chuquipol Maziso y Dante Pumayaqui Duran, todos ellos han sido atendidos en el Hospital Regional de Ayacucho.

San José de Secce está 70 km al noreste de Ayacucho.El centro educativo "Santos Figueroa" quedó parcialmente dañado, durante el enfrentamiento.

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Comentarios Sendero Luminoso ataca y Asesina Policías y Civiles en Ayacucho

buenas tardes.

el grupo revolucionario sendero luminoso con todos y sus virtudes y defectos,esta luchando para que haya una verdadera democracia y libertad en este pais,esta luchando por la mayoria del pueblo de este pais,y tengo que anotar que la mayoria de los atentados terroristas cometidos en este pais,fueron hechos por el propio estado o gobierno con sus grupos paramilitares o fueron hechos porlos cachacos,lo que pasa que como los medios de comunicacion periodicos,diarios,medios de television,estan vendidos prostituidos ha los gobiernos como este actual aprista fujimorista,y engañan al pueblo de que los atentados terroristas fueron hechos por sendero luminoso,de ripley pero es cierto y un ejemplo es lo que ha pasado con los hermanos indios de la amazonia,si la prensa internacional no hubiera informado la verdad de lo que pasa alli en la selva,este gobierno corrupto asesino apristas fujimorista en connivencia con los medios de comunicacion peruanos,hubiera mentido y calumniado diciendo que los indios son los terroristas o senderistas,pero gracias ha dios la gente de este pais ya no se deja engañar.......ni que decir que la policia peruana o los cachacos son gente corrupta,que protege ha los narcotraficantes por dinero y les dan proteccion,y mas todavia en este actual gobierno de los hijos de perras corruptos criollos gringos proxenetas apristas fujimoristas gente sin honor ni dignidad,y que son mal ejemplo e incentivan mas la corrupcion y toda clase de maldades....................CUANDO LLEGUE AL PODER UN VERDERO GOBIERNO DEMOCRATICO,CON SENTIDO COMUN,QUE RESPETE LA VOLUNTAD DE LA MAYORIA DEL PUEBLO,HARA LA PAZ CON SENDERO LUMINOSO,NO TENGO DUDAS DE ESO......QUE LOS DIOSES DEL TAHUANTINSUYO PROTEJAN,AYUDEN Y QUE REGRESE PRONTO EL INDIO EL INCA ALBERTO PIZANGO FUTURO PRESIDENTE DE ESTE PAIS...GRACIAS
luis enrique luis enrique 03/08/2009 a las 20:53
Es lamentable la muerte de mas policias, y si analizamos bien la historia son los policias los que dieron un momento depaz y no como se atribuye un ex presidente. Y, lo peor es que despues nadie los reconoce ni siquiera sus deudos reciben algun reconocimiento y para lograr su seguro de vida tienen q enfrascarse en juicios eternos  de nunca acabar, tal parece q hasta el poder judicial se pusiera de acuerdo para no resolver olvidandode de  el principio de celeridad, el gobierno de turno ni q decir, creo n q ni esta enterado, vive en las nubes como estrella de teatro barato,solo vive para engordar,cree q la vida de los policias, es una eterna fiesta como la de él, jugando al ajedrez donde las piesas son gente de su partido, y el tablero es el Perú. 
Los periodistas tambien solo se ocupan de vender, se equivocaron de profesion , devieron ser comerciantes ambulantes, (con respeto a los comerciantes ambulantes, pq son personas trabjadoras), se olvidaron de la etica profesional no son deonticos, pq casi nunca dicen lo q realmente merece la pena comunicar, los policias son personas q aman la institucion , aunque aveces esta institucion es ingrata, pero estos hombres y mujeres q visten uniforme son la columna vertebral del pais  y aun asi son maltratados por toda la sociedad, pero cuando se ven en peligro al primero q piden ayudsa es al policia , subalterno pq son ellos los q se enfrentan al mal y no los eñoritos oficiales q aplastan su trasero en oficinas y dedicados  obstinadamente a ganarse un galon, y son la mayoria, hasta el dinero del rancho se esfuma en las manos de los jefes pq son magos?.
y a pesar de todo siguen enviando policias jovenes sin experiencia a Ayacucho, pq no van los jefes asi se ganarian mas puntos para su ascensos? pq envian carne de cañon?, o tampoco eso sabe el presidente? o el ministro del interior?, recien salen de la escuela el sabado 08/08/09 y ya van a enfrentarse al terrorismo y narcotrafico, , digan señores periodistas ahora si eso esta bien o no. ahora q el coraje y la tristeza me invaden siento tristesa por los policias fallecidos por los de bagua, los q mureron por manos terroristas y narcos y tambien por delincuentes, para quienes debe existir la pena de muerte pq mandarlos a cadena perpetua es mantenerlos encima q ordenan toda clase de delitos desde sus celdas. :-S  Los legisladores deben tener mas raciocinio para dictar leyes .
 
Rosita Rosita 04/08/2009 a las 05:57
el grupo de sendero luminoso con todos sus virtudes y defectos, esta luchando para que haya una verdadera democracia y libertad en este pais,y tengo que anotar que la mayoria de los atentados terroristas cometidos en este pais,fueron hechos por el propipo estado o gobierno con sus grupos de paramilitares o fueron hechos por los cachacos, lo que pasa como los medios de comunicacion estan vendidos o prostitudos engañan al pueblo engañan al pueblo diciendo que los atentados fueron hechos por el sendero luminoso por ejemplo lo que paso con los indios de la selva amazonica si la prensa internacional no hubiera informado la verdad de lo que alli paso este gobierno corrupto asesino en conviniencia con los medios de comunicacion peruano hubieran calumniado diciendo que los indios son los senderistas o terroristas todas las ffaa son corruptos...CUADO LLEGUE AL PODER UN VERDADERO GOBIERNO DEMOCRATICO,CON SENTIDO COMUN, QUE RESPETE LA VOLUNTAD DE LA MAYORIA DEL PUEBLO, HARA LA PAZ CON SENDERO LUMINOSO,NO TENGO DUDAS DE ESO  QUE LOS DIOSES DEL TAHUANTINSUYO PROTEJAN Y AYUDEN A QUE REGRESE PRONTO ABIMAEL GUSMAN FUTURO PRESIDENTE DE ESTE PAIS... GRACIAS interpretalo bien bye
cesar sosa cesar sosa 06/09/2009 a las 06:29
La Guerra de los Tenientes
Artículo de Gustavo Gorriti en su columna “Las Palabras” de Caretas 2131 del 27 de mayo.
¿Por qué hubo matanzas de gente indefensa perpetradas por las fuerzas de seguridad durante la guerra interna? Sendero, que había iniciado y agravado la violencia, mataba casi cada día a víctimas inermes. Pero si Sendero asesinaba, ¿las fuerzas de seguridad no debían proteger?
Me pregunté eso muchas veces durante la década de los ochenta, pero sobre todo en los primeros meses de 1983, cuando la acción contrainsurgente de la Fuerza Armada era relativamente nueva. Las primeras medidas del general Clemente Noel, a cargo de las operaciones militares y, en los hechos, del mando político en la zona, parecieron al comienzo racionales y congruentes, cuando declaraba que su objetivo era recobrar el imperio de la Constitución en las zonas remecidas por la violencia.
Dada la gravedad de la situación entonces, en la que para todo propósito práctico la Policía había sido derrotada, se sabía que iba a haber enfrentamientos duros y mortales. Pero, ¿no se suponía que el combate entre grupos armados debe regirse por las leyes de guerra, que respetan la rendición y protegen a la población desarmada?
El general EP Clemente Noel, a quien entrevisté varias veces, era una persona más bien afable, que parecía tener una disposición gregaria y concertadora. Había sido alumno en el CAEM del mentor intelectual de Abimael Guzmán, el filósofo arequipeño Miguel Ángel Rodríguez Rivas, y le profesaba parecido respeto al que años atrás había expresado Guzmán.
Pero poco tiempo después de la tragedia de Uchuraccay, Ayacucho se precipitó en el despeñadero que en los meses y años siguientes lo habría de convertir en una de las capitales del mundo en desapariciones y asesinatos. Los cadáveres amanecían en las quebradas de Infiernillo y Puracuti, y las madres y esposas atardecían en colas largas en la oficina de la Fiscalía de la Nación, donde la entonces joven fiscal Flora Bolívar podía hacer poco más que llenar un registro fiel de quienes –la experiencia prontamente lo enseñó– difícilmente retornarían a su hogar.
El primer gran cambio sucedió con el lenguaje. El pretendido desconocimiento burocrático, la hipocresía y el eufemismo ocultaron las sustantivas, soterradas pero fulminantes realidades de una violencia en la que al totalitarismo fanático y asesino de Sendero se le oponía un blando discurso de fachada, de supuesta defensa de la Constitución, y una cruel realidad de guerra de aniquilamiento.
¿Por qué? ¿No era aquello, además de ilegal, contraproducente y estúpido? Lo pregunté, como queda dicho, muchas veces, pero la respuesta más sincera me fue dada ese año por un general que tenía entonces uno de los puestos más altos en el Ejército. Yo lo conocía desde varios años atrás, cuando fui agricultor en el departamento de Arequipa. El general, que ya ha fallecido, era, aunque de temperamento vivo y hasta violento, un hombre correcto y honesto.
Aunque en rigor no lo éramos, me trataba de “paisano”, y ese día, en su oficina del Pentagonito, cuando le pregunté sobre el tema, se puso serio, pidió a su secretaria que no lo interrumpieran y me dijo, palabras más, palabras menos, lo siguiente:
– Paisano, esto no se puede decir, pero tienes que entenderlo: no hay otra. A un subversivo cristalizado no lo puedes cambiar. Nos duele, somos padres, somos gente correcta, pero no hay otra. Ese no va a cambiar. Si no lo eliminas, saldrá a la calle y matará a otros, a gente inocente, no como él, y envenenará a otros que cuando se cristalicen ya no van a tener remedio tampoco. ¿Tú crees que nos gusta? ¿Crees que no nos duele? Pero no hay otra.
Un subversivo cristalizado ya no tiene remedio.
Finalizó diciéndome que en situaciones como la que vivíamos, no saber actuar a tiempo era más cruel que hacerlo.
Ese general, que al morir no tenía otro ingreso que su fraccionada pensión, demostró algo probado hasta el desaliento por la Historia. La poderosa distorsión de las ideologías convierte muchas veces a gente correcta en implacables victimarios.
Entonces recién declinaba en Latinoamérica un ciclo de brutales dictaduras contrainsurgentes que sofocaron todas las insurrecciones guerrilleras de la época, desde México hasta Argentina, salvo dos excepciones, Nicaragua y El Salvador (Colombia fue y es un caso diferente). La ideología contrainsurgente que imperó entre las fuerzas armadas latinoamericanas fue la de la guerre révolutionnaire francesa, profundamente antidemocrática y de raíces ultramontanas. Para sus profesos se trataba de una guerra virtualmente metafísica entre el “occidente cristiano” y el “comunismo ateo”. Al defender la tortura, uno de sus más célebres sistematizadores, el coronel Roger Trinquier, escribió, citando a Clausewitz, que “no hay errores más peligrosos que aquellos inspirados en la benevolencia”.
En esos años, esa contrainsurgencia tenía el prestigio de la victoria y el respaldo del poder, actual o reciente. Estableció redes operativas y de inteligencia en toda América Latina, e influenció a las Fuerzas Armadas peruanas, sobre todo a partir del gobierno de Morales Bermúdez. Interrogatorio a través del tormento, desaparición de cuerpos y de huellas, doble historia: esa fue la doctrina subyacente que se aplicó durante buena parte de la guerra interna.
Fue un proceso de sorda y corrosiva esquizofrenia, entre la democracia nacida en 1980; y el imperio de una contrainsurgencia ilegal, que en dos años produjo más muertes en los Andes y la Selva que, por ejemplo, todas las víctimas que causó Pinochet durante su larga dictadura.
Pero, como sucedió en varios otros momentos de nuestra historia militar, la logística y el comando y control de la Fuerza Armada fueron más bien débiles en la relación entre las grandes y las pequeñas unidades. Por eso, la capacidad de iniciativa que tenía cada joven teniente o capitán que se hacía cargo de un distrito, era muy grande. Con muy pocos medios, tenía que alimentar, cuidar y mantener la disciplina de su tropa. A la vez, debía operar y, finalmente, proteger a la población local. Para los jóvenes, inicialmente inexpertos oficiales, al mando de muchachos casi adolescentes, generalmente foráneos (casi siempre llegaban de otras provincias), el desafío era inmenso y las instrucciones mínimas o inútiles.
Por eso, hay veteranos que sostienen que esa fue una guerra de tenientes y de capitanes. En esa situación de responsabilidad e inexperiencia, las diferencias individuales afloraron y fueron decisivas. Muchos jóvenes oficiales se identificaron profundamente con la población que les tocaba defender y se convirtieron en líderes comunales en tiempos de guerra.
En otros, sin embargo, el poder, la distancia cultural, la sospecha, el miedo y, a veces, la corrupción, los convirtieron en tiranos letales e impredecibles. A veces un tipo de oficiales sucedió al otro de un año al siguiente. Para los comarcanos, sobrevivir no solo suponía enfrentar a Sendero.
Claudio Montoya Marallano fue un joven teniente de ingeniería en el Ejército durante los años duros de la guerra. Ingeniero o no, le tocó actuar como infante una y otra vez, en increíbles marchas y misiones entre descabelladas, cómicas, heroicas y muchas veces trágicas. Años después, retirado y emigrante, escribió una novela en primera persona sobre sus días de campaña. El libro se llama “El pecado de Deng Xiaoping” (1) y su lectura enseña más que la mayoría de análisis. Lo que a veces le falta en oficio narrativo se compensa con creces en la autenticidad del relato.
Desgraciadamente, Montoya hizo una edición particular, muy pequeña, para amigos, compañeros y familiares. Gracias a uno de ellos pude leer el libro. Ojalá decida ofrecerla a una editorial que la pueda hacer llegar al público. Y ojalá otros de aquellos que alguna vez fueron jóvenes oficiales (o sargentos y cabos aún más jóvenes) escriban sus mejores y sus peores recuerdos de esos tiempos, con sinceridad, autenticidad y ojos de ver. Eso ayudará mucho a desenterrar la atormentada verdad del pasado, y al comprenderla y reconocerla, conquistar la memoria y la paz.
Notas:
(1) “El Pecado de Deng Xiaoping”, Claudio Montoya Marallano. España, 2008
Carlos Tejada Carlos Tejada 06/06/2010 a las 13:51
Puedo decir que
Angel Angel 25/01/2012 a las 16:49

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